En los comienzos de la resistencia, por el año 73, todos teníamos alguna función que cumplir y lo hacíamos a cabalidad. Algunos salían a escondidas a dejar panfletos en las esquinas, panfletos cuidadosamente redactados por otros que lo pasaron a otros que se mancharon de negro hasta las patas en ruidosos mimeógrafos, los armaron en pequeños paquetes que otros repartieron a otros que fueron los primeros que nombré. Y otros y otros hacían otras cosas que juntas fueron un montón.
Al Pepino le tocó la función de desparramar “miguelitos” por la Avenida pa pinchar las ruedas de los ómnibus que todavía circulaban desafiando el llamado a huelga general. Y tomó la función a cabalidad. Zarpó en su bicicleta de mañana temprano un día de esos, con el bolso al hombro lleno de miguelitos.
Prolijamente y con planificada pulcritud, iba metiendo la mano en el bolso pa sacar una trenza de miguelitos y dejarla tirada al paso, en mitad de la calle.
Tan compenetrado estaba en su trabajo que no se percató de la “chanchita” que estaba estacionada al doblar la esquina.
A diez metros de ella, del cagazo y sin que ningún milico se lo pidiera, bajó la pata izquierda y frenó con la alpargata. No le dio el tiempo pa elegir entre hacerse el bobo y seguir, o mostrar la cola e´paja.
Mostró la cola e´paja pa su desgracia.
Un milico se bajó de la chanchita con el mate en la mano y se le plantó enfrente levantando la otra: “¡Alto!”
Pepino apretó los labios y pensó: “Soy boleta”. Pero sin rendirse espetó al milico:
“¡Fíjese estos comunistas de mierda, están tirando miguelitos! vengo juntando miguelitos por toda la avenida, mire el bolso, ya junté todo esto!”
Al Pepino le tocó la función de desparramar “miguelitos” por la Avenida pa pinchar las ruedas de los ómnibus que todavía circulaban desafiando el llamado a huelga general. Y tomó la función a cabalidad. Zarpó en su bicicleta de mañana temprano un día de esos, con el bolso al hombro lleno de miguelitos.
Prolijamente y con planificada pulcritud, iba metiendo la mano en el bolso pa sacar una trenza de miguelitos y dejarla tirada al paso, en mitad de la calle.
Tan compenetrado estaba en su trabajo que no se percató de la “chanchita” que estaba estacionada al doblar la esquina.
A diez metros de ella, del cagazo y sin que ningún milico se lo pidiera, bajó la pata izquierda y frenó con la alpargata. No le dio el tiempo pa elegir entre hacerse el bobo y seguir, o mostrar la cola e´paja.
Mostró la cola e´paja pa su desgracia.
Un milico se bajó de la chanchita con el mate en la mano y se le plantó enfrente levantando la otra: “¡Alto!”
Pepino apretó los labios y pensó: “Soy boleta”. Pero sin rendirse espetó al milico:
“¡Fíjese estos comunistas de mierda, están tirando miguelitos! vengo juntando miguelitos por toda la avenida, mire el bolso, ya junté todo esto!”
El milico bajó la mano, con la otra levantó el mate hasta los labios y lentamente le pegó una chupada. Hizo una seña hacia la chanchita y se bajaron tres más, mientras le decía a Pepino:
“Es cierto, pero los miguelitos vienen de allá (señalando hacia atrás de Pepino) y usté va pa allá! “ señalando hacia el otro lado. “¡ Queda detenido!”
“Es cierto, pero los miguelitos vienen de allá (señalando hacia atrás de Pepino) y usté va pa allá! “ señalando hacia el otro lado. “¡ Queda detenido!”
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Todos los comentarios son responsabilidad de quién los publica.