BOLICHE "EL CHICHARRÓN"
En algún lugar colgau de los últimos flecos de la falda e´l cerro e´l Burro, hay un boliche. Bueno, un boliche de verdá no, más bien de fantasía. Boliche de a ratos, que se transforma en tal cuando hay paisanos dispuestos a apoyar el codo en el mostrador, si no, no.
Esos ratos sin paisanos bebedores y parcamente habladores, hacen que parezca solitaria tapera resistiendo el tiempo, si no, mire esa Chevrolet C10 que aguanta el embiste del óxido a la orilla del camino, a pocos metros de la Muñeca, una tordilla que con el casco derecho recogidito y la cabeza gacha, pasa el tiempo atada al palenque, esperando jinete paseandero que la saque a varear aunque sea por ahí nomás, una vuelta. Y que de paso le deje unos pesos al Chicharrón.
“La voy a arreglar,… un día”, dice el Chicharrón mirando a la C10 y sus ojos se hunden en el vaso como calculando cuándo masomenos podría ser el acontecimiento.
Una vieja salamandra espera que le tiren un par de maderitas pa ahumar y calentar el espacio recortado brevemente por la escasa luz de una bombita de 25w. El barcino se acomoda en la punta del mostrador como pa estar un buen rato ahí. En la paré, un almanaque vencido hace años acumula polvo y tintes amarillentos.
Pido una grapa. Miro discretamente a mi alrededor. Un par de laburantes rematan el día con unas copas.
Detrás del mostrador no está el Chicharrón. Esta vez está de este lado, del lado en que se cuentan cosas pa que otro escuche. Así que apronto la oreja y pido que me sirvan otra. Comienzan a resonar historias de otros tiempos….
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