Historia mínima de una guitarra.
Hace unos pocos años, un sábado de julio, pleno verano, llegué con mi amiga a Alicante.
Faltaba un rato para que saliera el autobús nuevamente con otro destino. Aprovechamos y fuimos a recorrer los alrededores de la estación. Nos metimos en una casa de Second Hand, artículos usados. Había allí muchos instrumentos musicales y yo andaba por entonces sin guitarra. Recorrí los pasillos llenos de objetos que innumerables personas habían dejado para la venta.
Perdida por ahí, mal colgada de una piola y con dos cuerdas rotas, estaba esta guitarra que hoy tengo entre mis manos. La miré y estaba entera, pero varios detalles me hicieron dudar sobre si comprarla o no. Primero, apenas si me podía hacer una idea de su sonido con dos cuerdas rotas, aunque las cuatro presentes sonaban muy bien. Por otro lado, el fondo presentaba un color blanquecino, turbio, como si en algún momento se hubiera mojado y esto hubiera afectado la laca. También tenía este tipo de manchas blancas en el extremo del mástil y otra en su unión con la caja, del lado superior, además de otra marca blanquecina turbia donde el brazo derecho apoya en la caja.
Lleno de dudas, decidí abandonar la idea de comprarla. Nos fuimos. Me pasé todo el fin de semana pensando en la guitarra. El lunes le pedí a mi amiga que me acompañara de nuevo a Alicante (estábamos relativamente cerca) para verla de nuevo.
Fuimos, porque además era una oportunidad de recorrer esa preciosa ciudad. No demoramos mucho en llegar de nuevo a la casa de Second Hand. Entramos, esta vez yo con la decidida intención de pedirle a los dueños que me dejaran encordar la guitarra y probarla debidamente. El dueño accedió gentilmente y me alcanzó un par de cuerdas.
Encordé. Pasé un rato afinando y me puse a tocar una milonga bien orientala. Me ensimismé tanto tocando que la voz me llegó como de lejos, detrás mío. Volví en mí y pregunté:
-"¿Cómo dice?".
Y el hombre parado detrás mío dijo:- "¡Digo qué bien suena esa guitarra!".
-"Muchas gracias", contesté, y agregué: -"¿Pero vió Usted cómo está de manchada aquí y aquí y aquí?", dije mostrándole la guitarra, "¡parece como si se hubiera mojado..!".
Quedé muy sorprendido por la respuesta que recibí, que resultó ser una excelente explicación y que disipó mis dudas respecto a la compra:
-"¡Hombre!!!, Eso es del sudor del gitano que tocaba en ella!!!"".
Y bueno, era una fija que esa guitarra era para mí. Desembolsé los 50 euritos que me pedían por ella y acá está, sonando en Playa Grande, muy lejos del gitano que una vez la entregó por pocos euros pa comprarse una caña y un kebap. Salú!
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